Estudios ya advertían riesgos de contaminación en mina de Remance antes del derrame tras el terremoto
Investigaciones científicas detectaron arsénico, antimonio, cobre y mercurio en suelos y cultivos de la zona, mientras MiAmbiente analiza muestras de agua tras el deslave en la antigua mina de Veraguas.
El deslave y derrame ocurrido en la antigua mina de oro de Remance, en el distrito de San Francisco, provincia de Veraguas, tras el terremoto del 9 de octubre, volvió a poner bajo la lupa los residuos mineros que permanecen en el lugar desde hace 27 años. Investigaciones científicas realizadas años antes del incidente ya habían detectado elementos potencialmente tóxicos en suelos y cultivos de la zona.
El Ministerio de Ambiente informó que sus equipos técnicos tomaron muestras de agua el domingo 11 y el lunes 12 de octubre. De acuerdo con el ministro Juan Carlos Navarro, el material será analizado en el laboratorio de Los Canelos, en Divisa, con el fin de establecer el tipo de contaminación.
La institución señaló que dará a conocer los resultados cuando disponga de información científica verificable.
Preguntas sin respuesta
Hasta ahora no se ha precisado qué acciones se tomaron a raíz de los estudios que identificaron riesgos ni cómo se han manejado los residuos expuestos al ambiente desde el cierre de la mina.
Al momento de los reportes, el Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) no había aclarado el estatus de las antiguas operaciones ni las medidas ejecutadas tras las investigaciones. El Ministerio de Ambiente, por su parte, tampoco había detallado respuestas a esos hallazgos y se había limitado a alertar sobre el derrame posterior al sismo.
La extracción de oro en Remance se desarrolló de manera intermitente durante más de un siglo. Su última etapa estuvo a cargo de la empresa Remance S.A., que operó entre 1989 y 1999 empleando el método de cianuración. Desde que cesaron las operaciones, el sitio conserva depósitos de relaves y zonas de explotación a cielo abierto.
Lo que encontraron los investigadores
Científicos de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y de otras instituciones académicas, entre ellas entidades de España, estudiaron los desechos dejados por la actividad minera y sus posibles efectos en el ambiente y la salud de las personas.
Los análisis identificaron zinc, bario, cobre, antimonio, arsénico y mercurio. La preocupación principal era que estos elementos pudieran dispersarse hacia los suelos, el agua y la vegetación.
Para medir ese riesgo, el equipo evaluó muestras de suelo y de plantas, incluidas las partes comestibles del arroz, el maíz, la yuca y las hojas de té. En los cuatro cultivos, los niveles de antimonio superaron los umbrales de referencia para efectos no cancerígenos. Además, se calcularon riesgos carcinogénicos vinculados al cobre y al arsénico en algunos de esos productos.
En el pasto analizado se halló una concentración de cobre de 18,3 miligramos por kilogramo, por encima del valor de referencia de 10 miligramos por kilogramo que se utiliza para la alimentación de rumiantes.
Las evaluaciones también señalaron riesgos por la exposición a sedimentos de los ríos. Según los autores, la amenaza no se limita al contacto directo con los relaves, sino que incluye la posible transferencia de estos elementos del suelo a las plantas y, eventualmente, a la cadena alimentaria.
Ya en 2022, las investigaciones advertían que los residuos abandonados no eran solo un asunto de recuperación del terreno, sino una potencial fuente de contaminación que requería atención. Los científicos recomendaron medidas de remediación para reducir los riesgos identificados.
Los resultados de las muestras de agua tomadas tras el derrame serán clave para determinar si el deslave provocado por el terremoto agravó la situación en la zona.
Fuentes: La Prensa